El Banco Mundial elevó su proyección de crecimiento para la economía peruana en 2026 de 2,5% a 2,7%, destacando el impulso de la inversión en minería e infraestructura como factores clave para sostener la actividad económica.
El ajuste forma parte de su más reciente informe sobre perspectivas económicas para América Latina y el Caribe, en un contexto marcado por incertidumbre global y factores internos como las elecciones y el fenómeno de El Niño.
De acuerdo con el organismo, el Perú continúa beneficiándose del dinamismo de las inversiones en cobre, lo que contribuye a mantener un flujo constante de capital en el país.
“El Perú se beneficia de las inversiones en cobre e infraestructura, con un consumo que está mejorando, aunque aún de forma moderada”, señala el informe.
Este desempeño posiciona al país como uno de los mercados más estables de la región en términos de inversión minera, favorecido por los precios internacionales de los metales.
Pese a la revisión al alza, el Banco Mundial advierte que el crecimiento proyectado de 2,7% sigue siendo menor al registrado en años anteriores.
El escenario incorpora riesgos como problemas en el suministro de gas, efectos climáticos y el impacto de los precios internacionales de petróleo y fertilizantes.
“Nuestra previsión para el Perú tiene en cuenta estos factores, pero no han deteriorado el crecimiento tanto como se esperaba”, explicó William Maloney, economista jefe para América Latina y el Caribe.
Perú mantiene atractivo frente a la región
El organismo destacó que, a diferencia de otras economías de América Latina, el Perú mantiene condiciones favorables para la inversión, en parte por su red de acuerdos comerciales que le otorgan acceso preferencial a cerca del 90% del PBI mundial.
Esto ha permitido sostener el interés de inversionistas, especialmente en sectores extractivos.
Sin embargo, el Banco Mundial advirtió que el desempeño económico de mediano plazo dependerá de la capacidad del país para destrabar proyectos y superar limitaciones estructurales.
Entre estos factores se encuentran la baja productividad, la falta de adopción tecnológica y la necesidad de reformas que impulsen el crecimiento.
Asimismo, se señaló que decisiones en política fiscal, como subsidios a combustibles, deben ser evaluadas con cautela.


